miércoles, 13 de julio de 2016

Hojas de Selva

Hojas de selva. Enormes. Prehistóricas. Crecen en la penumbra. A media luz, A media sombra. Trepan. Se amarran. Cuelgan exuberantes. Se ofrecen a los pájaros. Los insectos las colonizan. Las trituran. Las muerden. Las devoran. Las orugas las convierten en mariposas. Las mariposas, en cunas. Las cigarras, en madrigueras. Las hormigas, en alimento. Hojas de selva. Verdes. Moradas. Pretéritas. Fructíferas. Florecientes. Podridas. Descompuestas en restos de troncos moribundos, Agonizantes. Unas recién nacidas. Y otras, natimuertas. Hojas de selva. Selva de hojas. Hojas. Selva. H…ojas. ojos. Hojas salva selvas. Hojas de selva.

Susurro

En las aristas que corren por tus manos hay un susurro. Un recuerdo melancólico y distante. Tiembla en el ángulo de tu perfil. Tintinea en el borde de tu oreja. Vibra en la capa superior de tu epidermis. Late en la punta de tu lengua. En tus ojos se asoma ese susurro. En la niña del ojo, baila. En los parpados, se balancea. Se acuesta en la pestaña que va mejilla abajo, desbancada por un dedo impertinente que intenta borrarlo con la lágrima que asoma. En tu pelo canoso se esconde un susurro. Se agita al viento. Se acomoda en tu mano nerviosa que lo alisa, como para tranquilizarlo, para que no se moleste ni se irrite, ni que alce la voz. Para que se duerma, acurrucado por una nana profundamente dulce, perfumada en la geografía de tu cuerpo. Para que se maree y no proteste…al menos, por ahora.

lunes, 11 de julio de 2016

Sombra de sombra

Yo, apenas fui la sombra de su sombra. Le anduve atrás, adelante, al lado. Como pude rocé mis sienes con las suyas. En la penumbra, sus abrazos como un rumor de velas encendidas, sus abrazos, como las apretadas alas de la muerte me arroparon. Sombra de sombra, Sin la ruta trazada excepto por la suya. Me llevó donde quiso. Me tuvo una y mil veces poseída por su voz estrellada, por su boca y su lengua de violetas. En los campos abiertos, a fuerza de sembrarlos de laureles fui suya entonces y sigo siendo suya, aunque su cuerpo ya no dé sombra y se haya transformado en una alondra.