Elocubraciones literarias sobre la vida que me ha tocado vivir; apalabrando lo que observo con...gusto.
martes, 31 de julio de 2012
Pobreza
La pobreza vive a sus anchas en el fondo de la mayoría de los problemas sociales que enfrenta Puerto Rico. Se maquilla con premura para pasar desapercibida en la alta sociedad puertorriqueña. Está enmascarada por los afeites que le proporcionan las ayudas del PAN, WIC, Plan 8 y la Reforma de salud. Se pone la peluca, los aretes y sus mejores galas para verse como la señora de alcurnia que se mudó a la esquina. Igualita que en los mejores anuncios que se publican en los periódicos y aparecen en las salas de cine. Compra televisores de pantalla plana, cuelga unidades de aire acondicionado en las ventanas para refrescarse en los días calurosos del verano; se arregla las uñas, largas y afiladas, con dibujos multicolores, pero sigue siendo pobre y desposeída; viviendo el día, sin futuro.
Los que más se perjudican de esta doble vida, son sus pequeños vástagos. Según el estudio producido por la Fundación Annie E. Casey, en el presente año, el 83 por ciento de los niños y de las niñas en la Isla, vive en condiciones de pobreza. ¡El 83 por ciento de la niñez viviendo en la pobreza en Puerto Rico es una masa crítica impresionante! Me tomo la libertad de añadir que asisten a escuelas públicas mediocres. Conviven en comunidades azotadas por la violencia y el narcotráfico. Carecen de los mejores servicios de salud preventiva. Tienen una idea difusa, si alguna, del porvenir como algo lejano que tal vez, nunca llegará para algunos. Para esos que caerán abatidos en tiroteos y en riñas por el control de un punto de droga; o en rivalidades con gangas de otra vecindad; o en asesinatos a mansalva por celos, no habrá futuro alguno porque se mueren precozmente. Para esos que morirán a manos de sus padres o madres demasiado jóvenes para saber qué es la paciencia o tolerar el llanto de un infante, tampoco habrá futuro. Es una verdadera crisis social, la que provoca la pobreza. Es el mañana del país, que se malogra.
Pero la educación de calidad es el antídoto de la pobreza. Le lava la cara pintoreteada y le arranca los aretes. La obliga a mirarse tal cual es, frente al espejo del conocimiento y de la conciencia crítica; la destrona del lugar donde se acomoda complaciente. Como un problema multifactorial, a la pobreza hay que atacarla de frente, con la mejor educación posible, con la certeza de que un futuro mejor se construye desde el hoy. Con un sistema de producción económica donde los ciudadanos forjen su nicho, produzcan para sí mismos y para el país; y se apoderen de sus vidas.
A ver si los políticos toman nota. Estamos en año de elecciones, pero no los escucho proponer soluciones para erradicar la pobreza; solo para seguir enmascarándola, disfrazándola de dama de sociedad, cuando en realidad es una pordiosera; una mendiga que espera que le lancen una limosna a su mano extendida.
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